Un taller de Teatro es muchas cosas más que un grupo de personas que se reúnen con la finalidad de montar una obra.

A veces lo importante es el camino y  no sólo a donde lleguemos. Y ese camino  puede suponer un cambio en nosotros y en nuestra forma de hacer las cosas.

El teatro es a veces una “terapia” una forma de trabajar en grupo, de aprender a hablar en público, de superar nuestros límites. Subirse a una escenario implica enfrentarnos a nuestros miedos. Así, entre los beneficios que obtenemos cuando hacemos teatro estarían:

  • Mejorar la autoestima y la sociabilidad.
  • Desarrollar la imaginación y la creatividad.
  • Potenciar la memoria y la concentración.
  • Adquirir nociones de relajación.
  • Desinhibir nuestro cuerpo y nuestra voz.
  • Lograr un mayor dominio de nuestra expresión oral.

Además se establece un proceso creativo donde se aprende todo lo que gira alrededor de un montaje teatral: la dirección, los procedimientos técnicos, el diseño escenográfico, la utillería, la iluminación, el vestuario, la caracterización…hasta llegar a conocer las bases para la correcta interpretación y lograr así la creación del personaje.

Y sobretodo se aprende a comunicar, no sólo texto, sino sentimientos. Y qué mejor forma  de comunicación que subirse al escenario y actuar. En todos nuestros Talleres de Interpretación los alumnos terminan representando el trabajo realizado sobre las tablas del escenario.

Desde los clásicos como Shakespeare, Moliére, Lorca o Aristófanes, hasta lo más absurdo de la mano de Arrabal, pasando por versiones cinematográficas o incursiones en la novela policíaca de Alfonso Paso o Ágatha Christie.

Porque el sueño de todo aquel que hace teatro, sea como hobby o para dedicarse profesionalmente, es subirse a un escenario. Y ahí estamos nosotros, cumpliendo sueños propios y ajenos:

“…que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son…”  dijo Calderón.

Y a veces hay que intentar cumplirlos.